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Cazarabet

Un vecino de ostumbres

El vecino trabajaba hasta muy tarde; al día siguiente dormía hasta que el sol empezaba a calentar. Le gustaba mirar el cielo y en verano dormía en el patio con su colchoneta , su saco  y una pequeña hoguera. Se quedaba mirando al cielo, puede que contase las estrellas o no, pero la verdad es que se quedaba como “encantado” por la magia de un cielo negro que la mayoría de los días se contemplaba salpicado por puntos plateados, inconexos y brillantes. La noche que dormí con él me enseñó los nombres con los que las bautizó, estaba a su lado y oí cómo le cambiaba el ritmo cardíaco cuando lograba conciliar el sueño; yo no dormí…. Me pasé la noche contemplándolo y soñando despierta y embelesada por “sus” estrellas. Ahora duermo yo todos los días en un patio que ya es compartido y espero a que vuelva de su largo viaje por la ruta del polvo y las estrellas; el aire y los oasis.Pensando en todo esto veo que la luz de la cocina es recortada por una sombra….me sobresalto hasta que adivino su silueta.
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